Una mañana podrías abrir los ojos y, luego del primer café, descubrir que estás en medio de un juego demasiado peligroso para tu pálida y frágil desnudez....

domingo, 25 de julio de 2021

En el tiempo de la bala y la salamandra

Una historia real de represión al movimiento sindical colombiano, novelada por el escritor e investigador Vladimir Carrillo Rozo.

Género: Thriller psicológico, crónica periodística y denuncia política
Idioma: Español
Editoriales: Icono Editorial (Colombia), Heriwald Arts Studio, (España) y Aury Sará (Colombia)
Ediciones: 2012, 2016, 2018, 2018 y 2022


















Fue publicada por primera vez en España en el año 2012 y reeditada en 2015 por la editorial Heriwald Arts Studio. En 2016 es relanzada en la Feria Internacional del Libro de Bogotá por Icono Editorial. La novela que cuenta la historia real del secuestro del dirigente sindical colombiano Gilberto Torres por parte de una organización narcotraficante y paramilitar de Colombia.

En la obra el autor toma prestada la voz del protagonista en la vida real, realizando una mezcla de varios géneros y estilos literarios (thriller psicológico, crónica periodística y realismo mágico). Aunque está fundamentada básicamente en el secuestro e intento de asesinato de Gilberto Torres en el año 2002 por parte de la organización paramilitar Autodefensas Campesinas del Casanare-ACC, los personajes de la novela incursionan en variedad de hechos históricos relacionados con la violencia política en Colombia.

































Tanto el autor, que investigó el caso durante varios años para escribir la novela, como el protagonista en la vida real, Gilberto Torres, han utilizado la obra en varias campañas y actos públicos en Europa y América que tuvieron como fin denunciar el papel de compañías multinacionales de la industria petrolera en violaciones a los Derechos Humanos en Colombia; sobre todo por su participación en estructuras criminales formadas por los ejércitos paramilitares durante las últimas décadas.


















Gilberto Torres. Exdirigente de la USO y protagonista en la vida real de "En el tiempo de la bala y la salamandra".

La novela centra su interés en un tratamiento relativamente novedoso de la psique de la víctima. De hecho, el título hace referencia a dos medidas del tiempo (la bala y la salamandra), que vienen a ser recursos literarios para explicar los acontecimientos, tanto desde un análisis objetivo de los hechos como desde los procesos subjetivos de la víctima.

Índice 
Prólogo
Introducción. (Y los humanos inventaron a los dioses que crearon el mundo… Algunas notas históricas preliminares).
Capítulo 1. We write our destiny… The fire reflected in the glass.
Capítulo 2. Natividad: La criatura del fuego encontró su amanecer en las ciénagas de la Depresión Momposina.
Capítulo 3. Acontecimiento de entrada desconocido. De los ojos de fuego y otros símbolos…
Capítulo 4. El dragón: Fiesta y revolución.
Capítulo 5. La serpiente: El dragón fue condenado por alterar los sentidos y otros delitos menores.
Capítulo 6. Me confunden con otro, que no existe.
Capítulo 7. El viernes 8 de abril de 1983 llegaba a su fin.
Capítulo 8. Dragón + serpiente = salamandra. (Icónico ser)
Capítulo 9. El ciborg en la frontera invictum.
Capítulo 10. Desgraciadas visiones.
Capítulo 11. La Voragine y el Rey Nabucodonosor. La salamandra mostro su poder.
Capítulo 12. El arma dada por el dragón para defenderme de los metales.

Prólogo


El prólogo fue hecho por el historiador y novelista español Ignacio Merino. Con un enfoque más literario que político, habla sobre el trabajo del escritor en la conservación de la historia y la memoria de una manera crítica y propositiva, empleado para enseñar y transmitir sensibilidades y escenarios. Y donde es importante la denuncia y la reivindicación, pero de igual forma el viaje vital del sujeto. Sobre todo si descubre cosas sobre sí mismo y el mundo que le rodea. El prólogo describe a un protagonista fuertemente influido por las experiencias de su juventud, por un imaginario pseudo-mágico que marca su manera de pensar. Y que hace un permanente esfuerzo por simbolizar los procesos de su mente en medio del trance del secuestro y la posibilidad real de ser asesinado por sus captores.

Introducción. (Y los humanos inventaron a los dioses que crearon el mundo… Algunas notas históricas preliminares)


En la introducción se empieza con una mención al problema de la impunidad que muchas sociedades padecen o han padecido a raíz de sus conflictos armados. Se establece un paralelismo entre España y Colombia en relación a los principios de verdad, justicia y reparación. Expone la necesidad de hacer ejercicios de memoria histórica cuando, entre otras cosas, se han cometido violaciones a los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario en el marco de esos conflictos.

Posteriormente se explican las razones por las que esta historia se cuenta en clave de novela.

Cuando además el tema de la escritura es como el que nos ocupa todas las técnicas y géneros se desbordan. Marchamos por los límites de la cordura. Tratándose de sufrimientos verídicos todas las descripciones son pocas, todas las fórmulas de la palabra escrita demandan cobrar vida para no olvidar. (...) esta sucesión de letras maternas y adoptadas tendrán que constatar una lucha primaria. La registrada a ambos lados de la coma y los puntos suspensivos entre la felicidad, la plenitud y las legiones guerreras de la psicosis más traicionera. Y es imposible incursionar en esos cenagosos territorios sin resultar afectado. Puede incluso que la indiferencia llegue a su fin y cientos de juguetes y sueños rotos se revelen en la silenciosa madrugada, elevando desde su desaparición un remoto grito de júbilo.

Inmediatamente después da una serie de precisiones históricas y conocimientos previos sobre el entorno real donde transcurre la novela. Se explica el origen y características de la organización sindical de los trabajadores petroleros de Colombia, a la que pertenece la víctima (Unión Sindical Obrera de la Industria del Petróleo, conocida simplemente como USO).

De igual forma, se aportan elementos históricos sobre la industria petrolera en Colombia. Su evolución general desde los primeros descubrimientos, hasta los grandes yacimientos que hoy están en operación. Esto proporciona sustento a una de las claves del relato: La industria petrolera colombiana y su relación con la violencia armada contra los agentes sociales del país. Así como sus negocios con las grandes organizaciones de narcotraficantes y paramilitares, que tienen como fin hacer operaciones de pasificación y limpieza social en las zonas de extracción o tránsito de hidrocarburos.

En esta parte se hace una breve mención a Raúl Eduardo Mahecha, fundador de la USO en 1923, dramatizando el acto clandestino de fundación de la organización sindical. Este líder social habría vivido en los EE.UU., Francia y un breve tiempo en la Unión Soviética, antes de la creación del sindicato petrolero. Murió en 1940 en la pobreza. En el libro, al autor muestra a la USO como un sujeto colectivo con personalidad, sueños, temores, etc., profundamente influenciada por la obra y enseñanzas de Mahecha. Ilustra históricamente en qué valores e ideales se apoyan esos hombres y mujeres para resistir las escaladas de violencia a las que se han enfrentado.

Esta amplia introducción concluye con los principales datos acerca del rol de los ejércitos paramilitares y las Fuerzas Armadas del Estado en la violencia política contra el movimiento sindical, hasta el mismo momento en que Gilberto Torres es secuestrado por una de estas organizaciones terroristas.

Capítulo 1. We write our destiny… The fire reflected in the glass


El primer capítulo empieza con algunos hechos ocurridos a finales de noviembre de 2001. El protagonista, Gilberto Torres, es trabajador petrolero y dirigente sindical de la USO en la zona de los Llanos Orientales (suroriente del país). La novela empieza el 30 de noviembre de 2001, a las 8:30 A.M. de ese día es secuestrado en Cartagena de Indias otro destacado dirigente del sindicato, Aury Sara, por un comando paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). El desarrollo de la historia cuenta cómo las Fuerzas Armadas del Estado presumiblemente saben lo que está ocurriendo y militarizan toda la industria petrolera para evitar que la USO reaccione con protestas y paradas de producción con objeto de forzar el regreso con vida del dirigente. En Colombia han sido muy amplias las denuncias sobre la complicidad entre Estado y los ejércitos narcoparamilitares de extrema derecha. El mismo autor, Vladimir Carrillo Rozo, ya publicaba en el 2006 el libro “Colombia: Terrorismo de Estado (testimonios de la guerra sucia)" (Icaria), donde se exponía esta problemática compleja.

Gilberto Torres logra infiltrarse en el cuarto de control de la principal estación de bombeo (El Porvenir) de la red de oleoductos que sacan petróleo de los ricos yacimientos de los Llanos Orientales rumbo al Caribe, desde donde es exportado. La estación El Porvenir se encuentra en el municipio de Monterrey, Departamento del Casanare. Una vez dentro del cuarto de control se coordina con trabajadores y sindicato para empezar a reducir presión en la red de oleoductos. Recibe amenazas directas contra su vida por parte de los responsables de seguridad de la compañía dueña del ducto: Oleoducto Central S.A. OCENSA, propiedad de Ecopetrol (el gigante colombiano del petróleo, en la lista de las 50 petroleras más grandes del mundo), la francesa Total y la británica BP.

Una semana después Aury Sara aparece asesinado a las afueras de Cartagena de Indias con graves signos de tortura. La confederación de ejércitos paramilitares conocida como Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) reivindica la ejecución. La novela desgrana cómo la USO lleva años siendo señalada por las Fuerzas Armadas y lo más conservador de la clase política como un brazo político-sindical de las guerrillas de izquierda. Siendo esto utilizado por los paramilitares como justificante público para la ola de asesinatos contra sindicalistas.

Una de las últimas noches en el cuarto de control de la estación, Gilberto Torres sufre una alucinación donde ve el reflejo de unos ojos de fuego pertenecientes a una criatura que su mente ha estado recreando desde hace años. Originalmente, se trata de un episodio que vivió en los años 80 del siglo XX, cuando era casi un adolescente, y unos signos y hechos inexplicables empiezan a concatenarse para cobrar sentido durante los días del secuestro.

Capítulo 2. Natividad: La criatura del fuego encontró su amanecer en las ciénagas de la Depresión Momposina


El capítulo dos narra cómo varios días después del asesinato de Aury Sara Marrugo, tiene lugar una reunión secreta. Los asistentes son, por una parte, comandantes paramilitares de la organización de extrema derecha conocida como Autodefensas Campesinas del Casanare (ACC). Este es el ejército paramilitar que tiene bajo su dominio el territorio, Departamento del Casanare, donde se dan la mayor parte de los hechos de la novela. Los demás asistentes son un alto oficial del Ejército de Colombia y personal de seguridad de las compañías petroleras que están operando en la región. Ese personal de seguridad, que trabaja coordinadamente con los paramilitares, fue originalmente introducido y entrenado por exoficiales del Ejército Británico a las órdenes de BP. De hecho, este es uno de los más graves escándalos a los que se han enfrentado las compañías accionistas de Ocensa. El libro hace variedad de referencias a los datos y denuncias existentes.

Esta parte de la novela recrea claramente cómo las multinacionales petroleras pagan a los paramilitares por seguridad, asesinatos selectivos, operativos de limpieza social, etc. Describen los grandes costos económicos que supuestamente significaron las anteriores acciones sindicales de la USO por la libertad del asesinado Aury Sara. Piden la cabeza del responsable. Pagan un dinero para que estos paramilitares secuestren, simulen un juicio político y ejecuten a Gilberto Torres. Los nexos entre compañías petroleras, como la británica BP, y el narcoparamilitarismo de Colombia han sido ampliamente denunciados en la realidad por diversos medios e investigadores.

Esta parte de la historia está reconstruida sobre la base de las confesiones a la justicia de uno de los paramilitares que estuvo en esa reunión. Su confesión ha sido la cabeza (en la realidad) de una serie de procesos judiciales contra otros paramilitares y las compañías petroleras implicadas. Estas informaciones, por otra parte, se han filtrado a la prensa durante los últimos años, generando una gran solidaridad y apoyo internacional a las campañas judiciales de los abogados de Gilberto Torres contra Ocensa, Ecopetrol y BP.

El final de este capítulo describe con más detalle quiénes son las Autodefensas Campesinas del Casanare (ACC), uno de los ejércitos narcoparamilitares más importantes, ricos y sanguinarios de la historia del conflicto armado colombiano. Se describen sus métodos bárbaros de reclutamiento, entrenamiento y combate. El autor establece una analogía irónica entre cada actor armado del relato y los miembros del Escuadrón Asesino Víbora Letal en las películas Kill Bill, del director Quentin Tarantino. Las ACC habrían sido formadas por la Familia Buitrago, famosa en el mundo del crimen organizado, en la década de los 80 con la financiación y logística directa del Cartel de Medellín, que en aquel tiempo era dirigido por el narcotraficante Pablo Escobar. El capítulo termina con algunos trazos derivados del perfil psicológico de Germán Buitrago, alias Martín Llanos, comandante de las ACC. El autor define a este sujeto como un asesino en serie: es responsable directo de unas 10 mil muertes y unos 11 mil desplazados de guerra, más las víctimas de los hombres bajo su mando y las generadas por la misma industria del narcotráfico.

Capítulo 3. Acontecimiento de entrada desconocido. De los ojos de fuego y otros símbolos…


Este capítulo describe los días inmediatamente anteriores al secuestro. Es el trance psicológico de una víctima que va reconociendo una serie de extraños hechos, movimientos, avisos simbólicos, etc., que le hacen intuir que algo va mal. Los paramilitares tienen dos intentos fallidos de captura, por errores de su aparato de inteligencia. El relato tiene una gran carga emocional, ya que la víctima sabe que puede estar en el punto de mira.

La noche anterior al rapto tiene una pesadilla donde una especie de reptil de gran tamaño le derriba y devora. En la pesadilla, antes de morir, ve dos papeles pegados en una pared. Son una tarjeta postal y una pequeña cartulina rosada con fórmulas físicas y funciones trigonométricas, algún tipo de ficha de estudio para un examen. Las dos son objetos que realmente tuvo en sus manos hace años, durante su primer año de facultad. Son cosas que su mente elige para simbolizar la “batalla” que está a punto de empezar.

Un análisis detallado revela que esta historia tiene dos caras o dos líneas espacio-temporales entremezcladas. Una de ellas es el secuestro, la tortura, etc., como parte de un mayor conflicto objetivo, un hecho de guerra. La otra línea es ese mismo cautiverio, ocurrido dentro de la psique de la víctima. Esta segunda línea describe un proceso paralelo donde su subjetividad, su Carga Simbólica, etc. están siendo atacadas e intentan defenderse (Carga Simbólica es una teorización desarrollada por el autor en publicación anteriores, para referirse a las modelizaciones y subsistemas que permiten mapear la identidad de un individuo). Pero esta defensa consiste en tomar aspectos o situaciones del pasado y convertirlas en símbolos para explicar o filtrar la realidad, recreando arquetipos, diálogos interiores casi filosóficos, etc. Su inconsciente toma el control de la situación por momentos y condensa u oculta claves de lo que está pasando precisamente en esos papeles, que vuelve a ver en la pesadilla anterior el secuestro. 

En suma, empieza a sufrir algún tipo de psicosis. Solo que en lugar de ver una total pérdida de contacto con la realidad, parece que una parte de su mente reelabora una explicación nueva para la brutalidad de la realidad. Y ese universo mental se comporta como un cuadro de personalidad completamente distinto: es la criatura. Una fracción del personaje llegaría a pensar que los dioses le enviaban advertencias desde su juventud sobre lo que pasaría si se empeñaba en decidir su propio destino. Y otra pensaba en lo que posiblemente diría un psiquiatra: que tanto él como la situación presentaban claros rasgos esquizoides que se complementaban perfectamente entre sí.

En la USO existía la creencia de que el arma que se nos proporcionaba a los dirigentes tenía como único fin evitar que fuéramos secuestrados. Un instrumento que servía para oponer sólo la resistencia necesaria para impedir la muerte después de la larga agonía de una tortura. Y que ésta llegara en el acto, cuando los sicarios respondieran a los tímidos disparos de personas que, de haber querido ser soldados, no estaríamos metidos a sindicalistas. Me pregunté entonces si la misma existencia del revólver no implicaba ya alguna seguridad de que esa muerte a quemarropa llegaría. (P.112)

Capítulo 4. El dragón: Fiesta y revolución

















El dragón: fiesta y revolución. Imagen del Cap 4 de “En el tiempo de la bala y la salamandra

Empieza retrocediendo a comienzos de la década de los 80 del sigo XX, hasta los días en que Gilberto Torres tuvo en sus manos la cartulina rosada de las fórmulas físicas y funciones trigonométricas aparecida en la pesadilla anterior al secuestro. Es exactamente el mismo día en que conoce a una misteriosa mujer en una reunión de estudiantes, que años más tarde le pone en contacto con el otro objeto: la tarjeta postal de la pesadilla. Esto en realidad es el inicio interpretativo de un hecho más perturbador: Los hombres que durante el secuestro son los máximos comandantes de la organización paramilitar que quiere eliminarle, a comienzos de los 80 eran unos sádicos adolescentes que resultaron ser vecinos del futuro dirigente sindical en la ciudad de Bogotá. La sobrina política del entonces jefe de la Familia Buitrago, una adolescente rebelde y deprimida, fue uno de sus primeros amores. Años más tarde descubre que aquellos jóvenes, que tanto le odiaron en su barrio de la primera juventud, se habían convertido en los jefes de una poderosa organización criminal que por azares y acontecimientos fuera de su control trataría de matarle.

El capítulo termina con el operativo del secuestro y las primeras horas esperando la muerte, le anuncian que será interrogado por el número dos de las ACC (Luis Eduardo Linares, alias Comandante HK, que existió realmente). También describe la reacción de la USO, que se las ingenia para detener la producción petrolera del país. El sindicato lograría mantener un pulso que llevaría al agotamiento de combustibles en las ciudades algunas semanas más tarde. Durante el tiempo que dura el secuestro, los paramilitares no dejarían de asesinar a sindicalistas de la USO y otras organizaciones. Las estadísticas que se citan en el libro hablan de un promedio de cuatro dirigentes sindicales asesinados cada mes en Colombia durante esos años, siendo en aquella época uno de los casos más graves de los reportados en la OIT. En cuanto a las ACC, su estrategia de guerra contra la población civil del Departamento del Casanare, que se nombra con algún detalle en la obra, dejaría miles de muertos.

Capítulo 5. La serpiente: El dragón fue condenado por alterar los sentidos y otros delitos menores














Cóndor-Dragón y Mamut. Imagen del Cap 5 de “En el tiempo de la bala y la salamandra”

En este capítulo se cuenta una de las partes más complicadas de la historia. Es la visualización directa de una serie de representaciones relacionadas con la criatura objeto de su extendida alucinación (llamada icónico ser por el autor). La novela describe varias atmósferas con una gran carga de dramatismo y a veces nostalgia donde se da esta simbolización, casi siempre acompañada de la extrema sensibilidad del personaje principal:

Cuando el café estuvo a punto la llama de la estufa estuvo reverberando inexplicablemente por unos instantes, para terminar soltando unas minúsculas flamas de color blanco incandescente que durante un microsegundo me parecieron una cabeza de ojos rasgados mirando algo al otro lado de la ventana helada. Lo que me dejó un raro estremecimiento que me obligó a mirar alrededor para comprobar si seguía solo. (…)

Y que el obelisco de la Plaza de los Mártires fuera en secreto un rayo de sol petrificado. Al que sólo le haría falta el piramidón recubierto con oro, la carne de los dioses, para ser capaz de enviar una señal estable, ser un camino para aprender donde esos mártires respetados y admirados viajarían a lugares impensables para volver con más sabiduría e ímpetu luego de haber visto al dios Ra. Entonces, los héroes homenajeados en la plaza y con el obelisco sabrían cómo hacer justicia a todos aquellos niños dispuestos a una mirada dulce a cambio de un lugar para jugar, dormir y comer. Junto a muchos otros próceres, La Pola les contaría lo que es la lealtad, Camilo Torres les ensañaría el poder del verbo en la revolución y el Sabio Francisco José de Caldas les abriría la mente con estudios naturalistas y astronómicos. De pronto me asaltó un dolor agudo en el pecho; a veces despertar de una fantasía necesaria deja un dolor estridente y melancólico.(p.152).

En el capítulo transcurre un viernes de abril de 1983. Gilberto Torres está en medio de una clase dentro de su facultad, cuando un comando del M-19 (movimiento guerrillero en auge en aquella época, con un discurso en las líneas del socialismo libertario, un poco apartado de la ortodoxia doctrinaria de las FARC y muy influenciado por la socialdemocracia europea) ejecuta un acto político-militar en el gran patio principal de su centro de estudios en Bogotá. Gilberto Torres logra presenciar el acto hasta al momento en que la policía rodea el lugar y lo asalta. Se ve de pronto atrapado en medio de una nube de gas lacrimógeno, pero antes de perder la visión dos personas le arrastran fuera de la trifulca. Una de ellas resulta ser la mujer que hacía poco tiempo había conocido en una reunión de estudiantes.

Aquella mujer de “ojos claros y pelo negro muy liso”, militante de M-19, existió realmente. En la novela estaba destinada a tareas internacionales de su organización. Llegaba vía Madrid y Panamá desde Hamburgo, trasportando una “delicada” carga que tenía como destino la comandancia general del M-19.

En el personaje de la mujer de “ojos claros y pelo negro muy liso”, de importancia en la novela, el autor hace un homenaje velado a una militante del M-19 presumiblemente llamada Irma Franco, que habría participado en la Toma del Palacio de Justicia que el M-19 hizo en Bogotá en 1986, con objeto de hacer un juicio político al entonces presidente de la República Belisario Betancourt por la violación de una tregua pactada entre el Gobierno y el M19.

Irma Franco es una de las personas que salió con vida del Palacio de Justicia para luego ser presumiblemente desaparecida (torturada y asesinada) por los militares que participaron en la retoma del edificio El alias de la “mujer de ojos claros y pelo negro muy liso” revelado en la novela, Mariana, probablemente fue extraído por el autor de la novela testimonio de la periodista Olga Behar “Noches de humo”. Con el personaje de Mariana, el autor (además de practicar un homenaje casi anónimo) introduce algunos datos históricos relevantes sobre la violencia política en Colombia. El recuerdo y la "aparición" de Mariana también sirve de nexo entre la psique de la víctima y variedad de elementos simbólico-mágicos presentes en algunas creencias populares del país. En la novela esos elementos se ven fuertemente mezclados con componentes culturales típicamente occidentales y modernos.

La “carga valiosa” que Mariana transporta en secreto es un verdadero enigma que la novela deja en suspenso, aunque el autor proporciona una descripción algo detallada de una especie de símbolo misterioso que la acompaña.

Cuando Gilberto Torres se encuentra atrapado en el gas lacrimógeno es rescatado por la mujer, pero esto tiene como consecuencia que ella no puede reunirse con el grupo de guerrilleros por causa del tiroteo. Al final logran salir por otra vía de escape. La presencia de la mujer allí, al parecer, sólo obedece a que le habían ordenado unirse al comando del M-19 para que éste la escoltara hasta la comandancia. La trama continua complicándose a causa de que el contacto principal de la “mujer de ojos claros y pelo negro muy liso” ha desaparecido sin dejar rastro. La narración describe una escena peligrosa, gótica y melancólica, donde una tormenta eléctrica sobre la ciudad acompaña la huida de Mariana y Gilberto Torres de la policía militar por el interior y los andenes de la Estación de la Sabana, una vieja estación ferroviaria casi abandonada. Son varios rasgos simbólico-míticos (los cerros orientales de Bogotá, los antiquísimos trenes, etc.) los que el autor mezcla en un escenario de batalla que pretende ser entre jóvenes de espíritu ilustrado y revolucionario contra fuerzas oscuras y represoras.

La mujer decide utilizar a Gilberto Torres como ayuda para establecer si su contacto ha sido capturada. Durante esta búsqueda, que se parte en dos capítulos, ocurren dos cosas importantes:

En primer lugar, el protagonista le ayuda a recuperar unos informes de inteligencia militar que su compañera desaparecida logró dejar ocultos en el punto de encuentro (los sótanos de un peligroso teatro de los años 20 en el centro de Bogotá). Entre esos papeles Gilberto Torres encuentra la tarjeta postal que ve en su pesadilla la noche anterior al secuestro. Junto a una serie de anotaciones en un antiguo cuaderno, que luego recordará y describirán la clave para descifrar algunos entresijos psicológicos derivados del trauma del secuestro.

La postal y las notas tienen una extraña relación con la cartulina de fórmulas físicas y funciones trigonométricas que también aparece en la pesadilla. Una relación hermenéutica que su mente retoma en el secuestro para simbolizar una lucha interior contra el cautiverio y lo que el autor describe como un “exilio mental” que le atenaza.

A esta altura de la novela el autor muestra una gran influencia del Psicoanálisis en su escritura. Por ejemplo, en lo referente a la capacidad del inconsciente para simbolizar (incluso adoptando fragmentos de mitologías disímiles entre sí) rasgos reprimidos, deseos y ocultos contextos traumáticos. Como luego descubriría el secuestrado, su inconsciente se comporta como una “extraña mujer” de fuerte y caprichoso carácter que elige y ejecuta su propia y única representación simbólica del mundo. Mientras que él, encadenado y vendado de forma consciente y aterradoramente objetiva, se ve separado como en un extraño síndrome de personalidad múltiple. Ve la transferencia en forma de esa especie de criatura, llamado icónico ser por el autor, que de repente parece haber venido a su parte de la realidad desde un legendario mundo quimérico. A lo largo de toda esa tarde y noche comienza a ver por la ciudad representaciones de la criatura. Algunas de esas representaciones vuelven años después, durante los días y horas anteriores al secuestro.

En segundo lugar, esos informes de inteligencia recuperados contienen datos para trazar la estrategia militar que el M-19 tendría en las décadas siguientes, sobre todo en el Sur y Oriente del país. En la novela se utilizan esos datos como excusa para explicar la penetración del narcotráfico y las primeras articulaciones de grupos paramilitares en las zonas de riqueza petrolera donde años después el dirigente sindical sería secuestrado. Una parte de los papeles casualmente describen los inicios de las futuras ACC y cómo las más ricas familias del hampa de Medellín estaban destinado mucho dinero a la penetración militar de esa región, con objeto de instalar allí sus cultivos ilícitos, laboratorios para la refinación de cocaína y pistas clandestinas de aterrizaje. Cuando Gilberto Torres es secuestrado descubre que estaba viendo lo que años atrás le advirtió la mujer del M-19. Su mente comienza a luchar entre el peso de la razón y algún tipo de encantamiento inclinado a creer en un destino y unas fuerzas sobrenaturales dueñas del devenir humano.

Capítulo 6. Me confunden con otro, que no existe


El título de este capítulo parece ser tomado de la aventura de George Kaplan en North by Northwest. Relata el primer interrogatorio al que es sometido el secuestrado por parte del número dos de la organización paramilitar, conocido como comandante HK. En la novela este interrogatorio muestra el grado de tensión existente entre los ejércitos paramilitares y sus “clientes”, en este caso las compañías petroleras. HK está convencido de que la USO maneja información privilegiada sobre los estudios llevados a cabo en zonas con posibles yacimientos. Y también está convencido de que las compañías les mienten sobre la verdadera magnitud de las riquezas petroleras.

Le enumera zonas geográficas exactas para saber si el sindicato tiene algún tipo de presencia o proyecto en esos lugares. Todos los puntos del mapa resultan ser territorios donde meses o años posteriores diversas compañías petroleras perforaron y sacaron petróleo, después de que los paramilitares los penetraran militarmente. El libro hace parte de la denuncia ya expuesta en muchos espacios acerca de una práctica común entre grandes multinacionales del petróleo en Colombia: pagar a organizaciones criminales para doblegar a la población civil y facilitar la extracción. Algunas organizaciones hablan de genocidio al referirse al impacto de los paramilitares en la región donde transcurre esta historia, el Departamento del Casanare.

Al terminarse el interrogatorio y alejarse el helicóptero de HK empieza una nueva etapa en la pesadilla que vive el protagonista: esperar la tortura para intentar arrancarle una confesión por la fuerza.

Capítulo 7. El viernes 8 de abril de 1983 llegaba a su fin


Durante este capítulo el autor continúa desarrollando la especie de “subhistoria” empezada en el capítulo cinco. La que tiene como fin explicar el origen de los objetos que ve en el sueño lucido anterior al secuestro. Y que se convierte en un recuerdo permanentemente presente durante el cautiverio. Esta parte parece encerrar una reflexión filosófica sobre las posibilidades guardadas en una instintiva libertad expresada en las asociaciones mentales. La posible poesía encerrada en esas asociaciones y axiomas del espíritu, que podrían tener la clave para nuestra esquiva felicidad.

Una gran parte de los ingredientes mágico-realistas de la novela se desgranan a esta altura. El autor introduce un notorio contraste de atmósferas dramáticas en las que se combinan la alucinación, sugestión y temores ocultos de los personajes. Ocurriendo todo en calles y lugares históricos y emblemáticos de la ciudad de Bogotá, que tienen en común la acumulación de leyendas urbanas, trazos gótico-románticos, supersticiones y antiguos cuentos populares de espanto. Algunos de esos escenarios son el Barrio de La Candelaria, el Teatro Faenza, la Iglesia de San Francisco, la Quinta de Bolívar, entre otros. En este desarrollo se presenta ante el personaje principal una cadena enigmática de simbolizaciones que le arrastran a un mundo de interpretaciones entre lo mítico y lo racional.

Levantó los ojos en dirección a los portones apagados de la Quinta de Bolívar y de allí a las alturas de la iglesia de Monserrate. —Hoy he sabido dónde y cómo voy a morir. Fue al pasar frente a la Casa del 20 de Julio. Es una lástima, pero si la respuesta a nuestros temores puede revelarse esta noche, no creo que sea bueno estar sin un aguardiente para pasar la impresión. Así eran las cosas. Había sido un día y una noche de anuncios y apariciones en Bogotá, una ciudad de solitarios corazones, pero también de desconocidos y a veces siniestros destinos azabaches. Una ciudad de historias, a la vez encantada y sangrienta. Donde todas las vidas tienen su revés, su versión de miedo.'' (p.234)

En esta parte de la novela tiene lugar un verdadero relato pseudo-vampírico que, de hecho, aprovecha una vieja leyenda urbana gótica alrededor del Teatro Faenza, en el centro de Bogotá, antes de su última restauración. Es el sórdido lugar a donde la mujer y Gilberto Torres acuden para recuperar los documentos de la contacto desaparecida.

Principalmente, entre esos documentos, descubre el otro objeto del perturbador sueño lucido; éste consiste en una tarjeta postal que ilustra una pieza de orfebrería medieval con la imagen de un caballero dando muerte a un dragón. Tal objeto de museo realmente existe en la Armería del Kremlin de Moscú. Al igual que la tarjeta postal misma, que hace parte de una serie publicada durante los años 80 del siglo XX en la antigua Unión Soviética. La amplia mitología, presente en varios lugares de Europa, acerca del caballero y el dragón es un recurso desglosado en la novela para intentar profundizar en la psique humana a través de la víctima. Ésta establece algunas asociaciones alegóricas y reflexiones fantásticas (hechas a lo largo de toda la obra) usando esa fórmula arquetípica. Cuyo fin último parece ser una comprensión tanto objetiva como subjetiva de lo que le estaba ocurriendo.














Caballero y dragón. Imagen del Cap 7 de “En el tiempo de la bala y la salamandra” (Pieza de la Armería del Kremlin, Moscú).

El caballero que combate contra el dragón le proporciona al protagonista una explicación perteneciente al universo del pensamiento mítico, acerca de la lucha por la supervivencia y la exploración del "sí mismo". Un combate que, a su vez, contiene algunos de los grandes interrogantes del Ser (quiénes somos, qué es la realidad y a dónde queremos ir), que de repente se ven agigantados por la gran irracionalidad de los acontecimientos. Por otra parte, el caballero que mata al dragón (visualizado en la tarjeta postal soviética) parece ser un sistema arquetípico muy relacionado con la misma criatura aparecida en la pesadilla anterior al secuestro y sus diversas representaciones.

De forma algo similar, la novela acude a otros símiles que parecen hallarse a medio camino entre lo simbólico mágico (ancestral) y lo realista moderno. Hay, tal vez, tres ejemplos destacables:

Una breve crónica fantástica introducida en el capítulo cinco, teniendo como excusa el acto político militar del M-19, sobre el legendario guerrillero Jaime Bateman, comandante y fundador del M-19; al que el personaje principal iguala al mito llamándolo “El Mamut”.

Alegó no ser un buen salvaje ni un exotismo en las portadas, pero sí un caballero perfumado con el bosque que había escapado de exilios físicos y psíquicos, recuperado la espada proverbial y atacado la injusticia con el fulgor de la mezcla en sus venas. Con absoluta pereza de convertirse en ídolo y sin confesar que sólo quería sentir la candela y la nieve en su pelambre de un día después de la glaciación. Se orinó desde el principio en el pragmatismo vulgar y la posmodernidad esterilizada que provocaba millones de esguinces cerebrales. Gritó en el monte y los pueblos con una lírica mestiza que casi provocó que las osamentas de viejos delfines rosados rompieran su encierro de baúles perdidos en sótanos clausurados, y fueran a pedirle ayuda para reclamar su reino perdido. Fue ése el porte de sus palabras durante sus correrías por medio mundo, ante organizaciones y dignatarios que se estremecían cuando le escuchaban decir, en lenguaje campechano y con una imborrable risa a flor de labios, que él era el comandante de la organización que tenía el espíritu de la espada de Bolívar en la primera línea de fuego. La gente experimentaba una especie de goce masturbatorio al imaginar un acto tan cargado de realidad y simbolismo. Veinte días después de aquel acto, el 28 de abril, su rastro se evaporó sobre las selvas del Darién… (p.157).

Otro ejemplo del capítulo siete es el corto relato de la “mujer de ojos claros y pelo negro muy liso”, mientras una diminuta serpiente de oro con ojos piedra de dragón que pendía de su cuello brillaba extrañamente en la penumbra de un callejón de La Candelaria, sobre una frase dicha durante la huida de la policía militar, acerca del extraño parecido del gran cóndor de piedra de la Estación de la Sabana con un dragón imaginario. El cóndor-dragón sería una criatura mítica del universo Star Wars que el protagonista recordaría años después.

Un tercer relato breve introducido en este capítulo muestra la fuerte tendencia del autor a la exaltación y mezcla entre lo mítico, lo histórico y lo racional. Al arribar, en plena noche, a las puertas exteriores de la Quinta de Bolívar se produce una desgarradora crónica corta sobre la partida al exilio del general Simón Bolívar desde aquella casa, con el Cerro de Monserrate como testigo, para inmediatamente después pasar al recuerdo de la mujer sobre una pasada visita a Cataluña en plena celebración de la Diada de Sant Jordi (Día de San Jorge en castellano), el Monasterio de Montserrat, cerca a Barcelona, y su curiosa relación con la Basílica del Señor de Monserrate. Para luego pasar al extraño parecido existente entre una antigua estatua ecuestre del general Bolívar que alguna vez estuvo a la entrada de la casa y una pequeña estatua de Sant Jordi existente en los jardines de la Catedral de Santa Eulalia de Barcelona, en el Barrio Gótico.

Capítulo 8. Dragón + serpiente = salamandra. (Icónico ser)


Esa noche sueña con la mujer “de ojos claros y pelo negro muy liso”, a la que no había vuelto a ver nunca más. Al parecer, ve su fantasma, descubriendo que está muerta, junto a la aparición de una especie de sacerdote indígena que gesticulaba en una lengua desconocida. En ese momento la historia describe lo que parece ser un ritual indígena destinado a detener la muerte, con objeto de que la víctima pueda resolver asuntos pendientes. La mujer le hace varias advertencias sobre las consecuencias de estar en ese terreno indefinido. Solo puede recordar las supersticiones que siempre repetía su madre. Entonces ve con claridad al “icónico ser”. Pero entonces le despiertan. Una salamandra comienza a visitarle, primero en sueños, luego en los lugares por donde pasa. Llega a descubrir que es la materialidad de la criatura de la pesadilla. El autor utiliza una gama amplia de rasgos mitológicos atribuidos por varias culturas a la salamandra, con objeto de instrumentalizarla como vehículo, tanto de las representaciones inconscientes de la víctima como de la transferencia (la salamandra es producto de la unión entre un dragón y una serpiente). Aunque se sugiere veladamente que ese diálogo entre el personaje cautivo y en espera de la muerte y la salamandra puede tener las características de una psicosis.

Cuando está a punto de darse la orden final para la ejecución (llegan a tener preparados los instrumentos de tortura frente a él), empieza una grave crisis al interior de las ACC, el ejército paramilitar que le mantiene prisionero, y entre ejércitos paramilitares. Como otros aspectos históricos de esta novela se trata de hechos realmente documentados.

La investigación real llevada a cabo por el autor para explicar porqué la ejecución se detiene, al parecer se basa en las informaciones entregadas por varios paramilitares a la justicia, y que forman una cadena de hechos que terminan por llegar al secuestrado. Álvaro Uribe está a punto de ser elegido presidente de la República, arrasa en las encuestas. Se comienzan a filtrar a la prensa sus pasados vínculos con organizaciones mafiosas, entre ellas el Cartel de Medellín, originales financiadores de las ACC. Varias personalidades y encarcelados han denunciado que éste logró movilizar a los ejércitos paramilitares para conquistar su primera presidencia mediante la coacción directa y presencia paramilitar en amplias regiones del país. El libro afirma que a cambio de su ayuda, Uribe prometió garantías políticas en una posterior desmovilización armada. Algunos jefes paramilitares reivindicaban ser una fuerza "patriota antisubversiva".

La historia, igualmente, siguiere que Uribe les promete que no serían extraditados a los EE.UU., junto a toda clase de garantías para una enorme operación de blanqueo de capitales. Algunos altos jefes paramilitares no creen en Uribe y sus promesas y advierten que éste planea una traición. En esta situación se producen algunas rupturas. En el caso concreto de Gilberto Torres, la novela dramatiza cómo HK paraliza a las ACC hasta no recibir el compromiso claro por parte de la familia Buitrago de que sus fuerzas no participarán en una desmovilización bajo el Gobierno de Uribe; de que no dejarían su modo de vida, que era la guerra. Pero las cosas se complican, porque las fuerzas narcoparamilitares pro Uribe preparan una ataque abierto y total contra todos aquellos comandantes que estén dudando en unirse al proyecto de la desmovilización del futuro presidente.

Varias operaciones militares y ejecuciones, como la de Gilberto Torres, se detienen porque las ACC se ven de pronto en la mira de otro gran ejército paramilitar: el Bloque Centauros de las AUC. La demora de las ACC en declarar sus intenciones políticas futuras las coloca en riesgo de guerra con otros jefes narcoparamilitares.

La clave de esta parte de la historia parece ser que la ejecución de Gilberto Torres se retrasa sólo lo suficiente para que la situación de parada energética del país, organizada por la USO con gran apoyo internacional, ponga en una situación muy delicada al Estado y a las petroleras.

A esta altura de la novela aparece otro personaje real con participación breve pero de importancia: Víctor Carranza, el zar de las esmeraldas. Este individuo ya fallecido, implicado desde hacía años en el crimen organizado, habría sido el verdadero artífice de la compaña de confusión y contra información que desembocaría en la sanguinaria guerra entre el Bloque Centauros de las AUC y las ACC, según la información de un paramilitar en la cárcel. En la novela se relatan varias escenas en las que Carranza habría sugerido a las ACC que estas ofrecieran a las AUC las cabezas de algunos prisioneros en señal de amistad entre ejércitos paramilitares.

—Me informaron que ustedes tienen capturados a varios guerrilleros infiltrados en sindicatos y organizaciones. Una cosa que se me ocurre es que las ACC le pueden ofrecer gratis las cabezas de esos hp a los Castaño. Ellos están encargándose muy bien de la cuestión sindical. La USO ya le mandó una carta a Carlos pidiendo que suelten a uno, los sindicalistas no saben que lo tienen ustedes. Pues a lo mejor las AUC ven bien que las ACC les dejen hacer la ejecución. Para no hacerles quedar mal. Y así de paso me quitan a mí un problema, porque están diciendo en la prensa que se lo llevaron al Meta y pueden decir que lo tienen mis hombres. (p.249)

Capítulo 9. El ciborg en la frontera invictum


Al llegar al capítulo nueve, el autor penetra en una reflexión más filosófica sobre una sociedad que contempla entre sus posibilidades historias como la del protagonista. Hace una crítica desde su literatura de la ultimación del proyecto moderno, ejemplificada en la prolongación tecnológica de lo humano (en el símil del fusil de los paramilitares como prótesis técnica [bárbara] implantada en lo biológicamente humano); como un segundo cerebro con fines destructivos, oscurantistas (la eliminación del otro distinto) y antimodernos. Esta disertación sobre lo civilizado-bárbaro y lo tecnológico-primitivo tal vez pretende una crítica posmoderna a la actual marcha de la Historia. Por ejemplo, la ruptura del Estado de Derecho ante la consolidación del mercado de la guerra. O la visión de los líderes político-militares de esas formas subnacionales emergentes (los paramilitares), como sujetos presas de toda clase de delirios y nuevas patología derivadas de su modo de vida. En resumen, el aplastamiento de los valores heredados de la Ilustración por parte de poderosos sujetos, que el autor definió como la peor versión posible del hombre-masa que aterró a José Ortega y Gasset, un imperio del mediocre violento.

Este capítulo termina con varios hechos terribles: Gilberto Torres presencia, mientras espera encadenado y maltratado la orden de su ejecución, la tortura y asesinato de varias personas capturadas por las patrullas de las ACC y acusadas de agentes infiltrados de las guerrillas de izquierda. Conducen su cautiverio por zonas cada vez más alejadas y selváticas.

Capítulo 10. Desgraciadas visiones


En este capítulo se narra la parte más difícil del cautiverio. La guerra entre las ACC y otros ejércitos paramilitares ha empezado, las petroleras presionan a los comandantes de la organización para que solucionen la situación del sindicalista secuestrado, pero tras 24 días de retención y parada de la industria petrolera las cosas se tornan extremadamente difíciles. Entran en escena el Comité Internacional de la Cruz Roja, un enviado de la ONU y otro de la Unión Europea. Se ha hecho una denuncia ante el Parlamento Europeo que explicaba la complicidad de compañías europeas en la operación. Los negociadores empiezan a buscar un contacto con las ACC para intentar la libertad del prisionero.

Gilberto Torres es trasladado a lo más profundo de las selvas del Sur del país y encerrado en un agujero abierto en la tierra, justo en el centro de una aldea fantasma medio tragada por la jungla. Los carniceros insectos y animales de la selva empiezan a devorarle muy lentamente. Bajo la intemperie cae presa de la fiebre y el delirio. Las tormentas tropicales inundan el agujero con frecuencia hasta casi ahogarle. Las alucinaciones y juegos de su mente continúan, puede que ayudados por ese entorno selvático de calor asfixiante pero que a la vez vivía varias tormentas al día que dejaban al mundo totalmente inmerso en espesos bancos de niebla.

La salamandra hace caer sobre él una pequeña piedra con cristales y metales incrustados. Esta piedra pasa a ser muy importante en ese universo mitológico donde se hallaba, el personaje la entiende como el arma dada por la criatura para liberarse de los metales. Más tarde se convertiría, durante sus viajes, en herramienta de sus cavilaciones. Efectivamente, una reducida parte del metal de sus esposas, que a esas alturas están clavadas en la carne, tiene un pequeño símbolo grabado (el esbozo de una especie de reptil). Se trata del mismo símbolo que ya viera en 1983 en el suelo de la Plaza de los Mártires de Bogotá. Y el mismo que durante 13 años ha estado en la verja del jardín frente a su casa. Con estas paradojas espacio temporales el autor probablemente quería conectar los hechos de la novela ante el lector, pero al enigmático nivel del inconsciente de la víctima.

Desde muy joven me parecía que lo más terrible que puede pasarle a alguien es ser un prisionero. Pero luego, en mi más temprana juventud que casi siempre fue feliz, empecé un día a preguntarme con sobrecogimiento qué pensaban los condenados a muerte cuando vivían su última noche. Tal vez se trataba de algunas briznas de realidad que se habían filtrado desde el futuro por medio de un fortuito agujero de gusano, abierto en una fruta cualquiera sobre la mesa en un día de fiesta.

Toma la piedra y se da, durante los días siguientes, a la tarea de borrar el símbolo del metal. La cuestión de la piedra y la salamandra está algo más desarrollada en la novela, intentando responder a preguntas claves, como, por ejemplo, si la criatura arquetípica efectivamente tiene algo que ver con lo que le está pasando. Es decir, si todos los vaivenes del mundo, su propia vida, son únicamente reflejo de batallas que se dan en otro universo o espectro de la realidad. Si sólo somos simples criaturas a merced de antiguos y poderosos dioses. O si, por lo contrario, la criatura y todas sus representaciones y personalidades desde hace años, son la manifestación inconsciente de una mente compleja e inteligente que toma sus propios caminos arrastrando al resto del cuerpo y moldeando su realidad con algo de autonomía y libertad. El hecho literario relevante es que, aún en medio de la fiebre, él está librando esa batalla.

Capítulo 11. La Voragine y el Rey Nabucodonosor. La salamandra mostro su poder


Lleva días en el agujero de la selva, un supuesto psicólogo de las ACC empieza a acudir a la aldea fantasma para interrogarle. La comisión humanitaria, encabezada por el Comité Internacional de la Cruz Roja, intenta durante semanas negociar la puesta en libertad del secuestrado. En la novela los autores intelectuales del secuestro tienen varios montajes fallidos, en los que buscaron que un supuesto rescate militar por parte del ejército terminara con la muerte de Gilberto Torres.

Las ACC, al verse acorraladas y señaladas por organizaciones del mundo entero, responden que podrían entregar al secuestrado si éste confiesa que pertenece a una organización insurgente y enemiga del Estado. El supuesto psicólogo intenta engañarle diciéndole que han hecho prisionera a su familia.














Las Emanación, imagen final de “En el tiempo de la bala y la salamandra”. (Fuente pública de un remoto pueblo de Soria, España).

Mientras, el abastecimiento energético en el país está en estado de emergencia por la parada total de los trabajadores petroleros, que exigen el regreso con vida del dirigente Gilberto Torres. Esto hace que las multinacionales implicadas no puedan soportar más. Ordenan a las ACC que entreguen al dirigente a la comisión humanitaria, pero que se encarguen de eliminarlo pocos días después. Lo sacan de la selva, con el llano de nuevo ante él ve un paisaje de una belleza descomunal. El autor lo describe con un pasaje sobrecogedor de la novela La Voragine.

Capítulo 12. El arma dada por el dragón para defenderme de los metales


Esa misma noche presiente que podría quedar libre, pero sabe que le espera una rápida huida para escapar de los paramilitares. El cautiverio dura 42 días. Poco después de convertirse en uno de los pocos que ha salido con vida de un secuestro paramilitar, se descubren dos posibles operativos para asesinarle. Finalmente, España le concede asilo político y se marcha al exilio.

La novela tiene un final inesperado donde, sobre todo, se desenlaza la compleja batalla ocurrida en la psique del personaje principal durante su cautiverio en manos de una organización terrorista que normalmente no dejaba a ningún prisionero con vida.

Los años siguientes, brevemente relatados en la novela, empiezan a repetirse las pesadillas con la criatura y la mujer del M-19. Le embarga una gran sensación de ansiedad y peligro. Gilberto Torres emprende varios viajes por antiguas capitales europeas en donde participa en varios espacios y actos de denuncia sobre la guerra que vive el movimiento sindical de Colombia. Durante dos de estos sugestivos viajes conoce, en Hamburgo y Moscú, a un par de personas de vital importancia para el desenlace final. Estas le ayudarán a comprender lo que le ocurre a su mente convulsa y cansada. Con este fin regresa a Colombia a pesar del peligro de ser detectado por los paramilitares. En ese momento el ya exdirigente está ejecutando los últimos movimientos de esta historia. En la novela, el personaje principal realiza un olvidado, pequeño e íntimo acto ritual en un lugar sagrado para las antiguas tribus indígenas que habitaban el altiplano, los Muiscas, Esta simbolización, aparentemente, tiene como fin cerrar un círculo psicológico.

El caso real de Gilberto Torres ante la justicia


Estando Gilberto Torres ya en el exilio, fue capturado en el 2004 por las autoridades colombianas Josué Darío Orjuela, alias Solin. Este fue uno de los paramilitares de las ACC responsables de la operación contra el dirigente sindical. Entonces se conocen perturbadores datos sobre las prácticas de reclutamiento y limpieza social de las ACC en el sangriento conflicto contra el Bloque Centauros. De este paramilitar vienen algunas de las primeras informaciones sobre la responsabilidad de las multinacionales petroleras Ecopetrol y BP en la orden de desaparición contra Gilberto Torres, según relata el diario británico The Guardian (que destaca entre otros medios por la cobertura dada al caso en el Reino Unido).














Imagen del Epílogo de “En el tiempo de la bala y la salamandra”. (Salamandra indígena contra atardecer en Santa Marina, Asturias).

Luis Eduardo Linares, alias HK, fue muerto en 2005 por la policía colombiana mientras intentaba capturarle. Para entonces, las cabezas de la familia Buitrago estaban ya en la clandestinidad. Pero en 2010 es capturado Héctor Buitrago, alias el Viejo, jefe de la familia.

En diciembre de 2010 el juez 11 penal del Circuito Especializado de Bogotá abre una investigación contra Ocensa para determinar su responsabilidad en el secuestro de Gilberto Torres. Las informaciones de este proceso llegaron del testimonio de Carlos Guzmán Daza, alias Salomón, otro de los paramilitares de las ACC que participaron en la operación por orden de las petroleras.

A mediados de 2011 la Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico de Bolivia captura a Carlos Noel y Héctor Fabio Buitrago, primos de Martín Llanos, encargados de administrar una red internacional dedicada al narcotráfico. Para octubre de 2011, Solin confiesa ante el juez 10 penal del Circuito Especializado de Descongestión OIT que recibió órdenes de Ecopetrol y Ocensa para asesinar a Gilberto Torres.

En 2012 la Oficina Nacional Antidrogas de Venezuela captura a Nelson Buitrago Parada, alias Caballo, y a su hermano Héctor Germán Buitrago Parada, alias Martín Llanos. Son deportados a Colombia, donde entran en prisión.

Para agosto de 2012 los abogados del Comité de Solidaridad con los Presos Políticos de Colombia, luego de producirse una condena por el caso contra Martín Llanos, cursan una demanda contra el Estado, Ecopetrol y Ocensa por el crimen contra Gilberto Torres.

También en 2012, Gilberto Torres interpone una demanda contra BP en la Corte Federal de Washington D.C., por medio de los abogados de Conrad & Scherer, por su directa responsabilidad en el secuestro.

Esta demanda no logró seguir adelante por el fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos del 17 de abril de 2013 (Kiobel Vs Royal Dutch Petroleum46 ), que estableció la imposibilidad de usar el Alien Tort Claims Act47 para hechos ocurridos fuera de los EE.UU. Esto originó que Gilberto Torres, a través de los abogados de Pierce Glynn, interpusiera una demanda contra BP y sus filiales en las Cortes de Inglaterra y Gales, con apoyo de otras organizaciones como la plataforma del Reino Unido Oil Justice. Este último giro del caso ante la justicia se ha visto ampliamente reflejado en la prensa de Colombia y en la del Reino Unido.